Fisiología del sistema nervioso central
El sistema nervioso central (SNC) es el centro de mando del cuerpo: está formado por el encéfalo (dentro del cráneo) y la médula espinal (dentro de la columna vertebral), y su trabajo consiste en recibir información del medio y del propio organismo, analizarla y emitir las órdenes adecuadas. Se diferencia del sistema nervioso periférico, que son los nervios que salen hacia el cuerpo; el SNC es donde realmente se decide. Todo lo que piensas, sientes y haces depende del funcionamiento de estas dos piezas y de la comunicación entre ellas. Una analogía útil es la de una estación de tren central: la médula espinal son las vías que llevan y traen los mensajes, y el encéfalo es la estación que los interpreta y decide qué tren sale después; si la estación falla, todo el sistema se bloquea.
La unidad que hace el trabajo es la neurona, una célula especializada en recibir, procesar y transmitir información mediante señales eléctricas y químicas. Sus dendritas reciben los mensajes, el cuerpo celular los procesa, el axón los transmite y los terminales axónicos los liberan hacia la siguiente célula. Alrededor del axón se dispone la mielina, una capa aislante que acelera la conducción (en el SNC la producen los oligodendrocitos), mientras que las demás células de la glía alimentan, protegen y limpian a las neuronas. La información viaja en dos pasos: primero como señal eléctrica dentro de la neurona (el potencial de acción, que parte de un potencial de reposo de unos -70 mV y sigue la regla de todo o nada, saltando entre nodos cuando hay mielina) y después como señal química a través de la sinapsis, donde los neurotransmisores excitatorios (glutamato) activan a la siguiente neurona y los inhibitorios (GABA) la frenan.
El procesamiento básico del SNC consiste en sumar esas señales: la neurona integra los potenciales excitatorios (EPSP) y los inhibitorios (IPSP) y solo dispara el potencial de acción si el voltaje resultante alcanza el umbral de unos -55 mV. Esta suma es el mecanismo que decide qué señal merece seguir adelante. La integración más rápida y visible es el arco reflejo, que ante un estímulo peligroso (por ejemplo tocar una sartén caliente) sigue la ruta receptor, neurona sensitiva, centro integrador de la médula espinal, neurona motora y efector, logrando retirar la mano en milisegundos, antes de que el cerebro sea consciente del dolor. Un cálculo típico muestra que una respuesta refleja puede tardar unos 20 ms, mientras que la sensación consciente llega 200-300 ms después, lo que demuestra la autonomía funcional de la médula espinal.
Por último, cada zona del encéfalo tiene una función fisiológica propia: la corteza cerebral gestiona el pensamiento, el lenguaje, la memoria voluntaria, los movimientos voluntarios y los sentidos; el sistema límbico las emociones y la memoria; el hipotálamo la homeostasis (temperatura, hambre, sed) y la conexión con el sistema endocrino mediante la hipófisis; el cerebelo la coordinación, el equilibrio y la precisión del movimiento; y el tronco encefálico funciones vitales como la respiración, el ritmo cardíaco, la presión arterial y los ciclos de sueño-vigilia. Todo este delicado tejido se protege con el cráneo y la columna vertebral y, a nivel microscópico, con la barrera hematoencefálica, un filtro de vasos sanguíneos muy sellados que impide el paso de sustancias dañinas y de muchos fármacos.