Posibilidad de una Filosofía Peruana
La posibilidad de una filosofía peruana es un debate central de la reflexión filosófica en el Perú. La pregunta clave no es si se ha filosofado en el Perú (presencia geográfica de la actividad filosófica), sino si existe una filosofía peruana o del Perú, es decir, un pensamiento con peculiaridad, autenticidad y originalidad que surja de nuestra realidad histórica y responda a nuestros propios problemas.
Históricamente, la reflexión en el Perú pasó por tres momentos: la escolástica colonial y republicana (trasplante de la filosofía española), el positivismo y espiritualismo de los siglos XIX y XX (González Prada, Deustua, Belaúnde) y la Generación del Centenario con la crítica social de Mariátegui, quien vinculó filosofía y realidad social en sus 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana. Sobre esta base surge la polémica contemporánea de los años 1960-1970.
David Sobrevilla sistematizó el debate en tres posiciones: la negadora o escéptica (Deustua inicial, Abad de Santillán), que sostiene que no existe ni puede existir una filosofía peruana por falta de originalidad; la afirmadora acrítica (Belaúnde, García Calderón), que afirma que sí existe desde la colonia por pensar temas universales desde el Perú; y la crítica o problematizadora (Salazar Bondy, Miró Quesada, Sobrevilla), que sostiene que aún no existe plenamente pero es posible como proyecto futuro. Esta última es la más aceptada en los exámenes de admisión.
Augusto Salazar Bondy, en ¿Existe una filosofía de nuestra América? (1968), plantea la tesis de la inautenticidad: no hay una filosofía americana auténtica porque nuestra cultura es una cultura de la dominación. El filósofo peruano padece alienación: piensa con categorías ajenas e imita a Europa y EE.UU. sin partir de su propia realidad de subdesarrollo y dependencia. Su filosofía resulta imitativa, inauténtica, anacrónica y receptiva. Concluye que la filosofía peruana no es un hecho, sino una posibilidad y un proyecto de liberación.
Francisco Miró Quesada y Leopoldo Zea matizan este diagnóstico pesimista: Miró Quesada afirma que el Perú ya ha empezado a crear (Mariátegui, Belaúnde, Deustua) y propone filosofar desde y sobre nuestra realidad sin renunciar a la universalidad; Zea sostiene que lo peculiar no se opone a lo universal y que la filosofía latinoamericana es posible si asume conscientemente su marginalidad. Las condiciones de posibilidad de una filosofía peruana son tres: peculiaridad (punto de partida en la realidad peruana), autenticidad (pensar por sí mismo) y originalidad (aportar categorías nuevas, como la alienación cultural de Salazar Bondy o el socialismo indoamericano de Mariátegui). En síntesis, la filosofía peruana es una tarea por construir mediante la desalienación del pensamiento y el compromiso con la transformación de la realidad nacional.