Fisiología del sistema linfático
El sistema linfático es el sistema de drenaje y control del cuerpo. Recoge el líquido que sobra entre las células, lo filtra para atrapar microbios y lo devuelve a la sangre, además de recoger las grasas de la digestión.
La linfa nace del líquido intersticial que los capilares sanguíneos no logran reabsorber. Cada día se filtran unos 20 L desde la sangre y se reabsorben 17 L, por lo que quedan 3 L/día que deben ser drenados como linfa. Si este drenaje falla, el líquido se acumula entre las células y aparece el edema.
Una vez formada, la linfa viaja despacio y en una sola dirección hacia el corazón, sin tener una bomba propia. Avanza gracias a las válvulas de los vasos linfáticos, al apretón de los músculos al movernos y a los cambios de presión de la respiración. Todo termina en las venas subclavias, a través del conducto torácico y del conducto linfático derecho.
En el camino, la linfa pasa por los ganglios linfáticos donde es filtrada y revisada. Los macrófagos atrapan bacterias, virus y restos, mientras los linfocitos reconocen el peligro, se multiplican y salen a defender. Por eso los ganglios se inflaman cuando estamos enfermos. En el intestino, los lacteales absorben las grasas digeridas como quilo lechoso y las entregan a la sangre para dar energía.