Respiración directa e indirecta
Todas las células animales necesitan oxígeno (O2) para producir energía y deben eliminar el dióxido de carbono (CO2) que sobra. Respirar, para este tema, no es solo inhalar: es el intercambio de gases, tomar O2 del ambiente y soltar CO2 al ambiente. No debe confundirse con la respiración celular, que ocurre en la mitocondria y usa O2 para romper la glucosa y liberar ATP, la moneda de energía: C6H12O6 + 6O2 -> 6CO2 + 6H2O + ATP.
Los gases se mueven por difusión, desde donde hay muchos hacia donde hay pocos, sin gastar energía, como el olor del pan que se esparce. Para que funcione, la superficie debe ser delgada, húmeda y amplia, porque los gases solo cruzan bien disueltos en agua. Por eso la relación superficie-volumen (S/V) es clave: mucha piel para poquito cuerpo facilita el intercambio.
La respiración directa es el intercambio directamente entre cada célula y el ambiente, sin intermediarios. No hay pulmones, branquias ni sangre llevando gases. El O2 entra por toda la superficie corporal y cada célula está a menos de 1 mm del ambiente. Solo funciona en animales muy pequeños, delgados o planos con S/V muy alta, como esponjas, medusas, hidra, planaria y tenia. Si el animal crece, las células del centro quedarían lejos y se ahogarían.
La respiración indirecta es el intercambio en dos pasos con intermediarios: primero el O2 entra a un órgano respiratorio y después el sistema circulatorio lo lleva a cada célula. Es para animales más grandes, gruesos o activos. Usan una superficie respiratoria especializada, que puede ser piel fina, branquias, tráqueas o pulmones, y casi siempre sangre para transportar. Ejemplos: lombriz con respiración cutánea, peces y cangrejos con branquias, insectos como el saltamontes con tráqueas, y aves y mamíferos como el perro y el humano con pulmones. Permite vivir en tierra y moverse mucho, pero cuesta más energía. En el examen, si hay branquias, tráqueas, pulmones o sangre transportando gases, es indirecta; si no hay nada de eso, es directa.