Mapa mental: Intercambio gaseoso en plantas
Las plantas también respiran, aunque no tienen nariz ni pulmones. Toman y sueltan aire por poritos diminutos y todos los gases se mueven por difusión, desde donde hay mucho hacia donde hay poco, sin gastar energía.
De día, con luz fuerte, domina la fotosíntesis: entra mucho CO2 para fabricar azúcar con agua y luz, y sale mucho O2 como producto. La fórmula es 6CO2 + 6H2O con luz -> C6H12O6 + 6O2. De noche, sin luz, solo hay respiración celular en todas las células vivas: entra O2 y sale CO2 al quemar azúcar para liberar energía, con la reacción opuesta C6H12O6 + 6O2 -> 6CO2 + 6H2O. Además, siempre sale un poco de vapor de agua, lo que se llama transpiración.
El aire entra y sale sobre todo por los estomas de las hojas, poritos casi siempre en el envés. Cada estoma tiene un huequito central llamado ostiolo y dos células oclusivas en forma de salchicha que lo abren y cierran. Dentro de la hoja está el mesófilo, un relleno esponjoso con espacios de aire donde los gases se disuelven. Los tallos leñosos respiran por lenticelas, ventanas siempre entreabiertas, y las raíces toman O2 del aire que hay entre la tierra.
Las células oclusivas se hinchan con agua y abren el poro, y se desinflan y lo cierran al perder agua. La luz ordena abrir para captar CO2, pero la falta de agua, el calor fuerte, el viento y el exceso de CO2 interno ordenan cerrar. Es el gran dilema: cada vez que abre para comer pierde agua. Por eso la planta ajusta la apertura todo el día y ante sequía prefiere cerrar, bajar la fotosíntesis y sobrevivir.