Tejido muscular: el motor del cuerpo
El tejido muscular está formado por grupos de células alargadas llamadas fibras musculares que trabajan juntas para una misma tarea: acortarse y generar fuerza. Cuando una fibra se contrae se vuelve más corta y gruesa, como un acordeón al cerrarse. Todas las fibras cumplen la misma regla: solo saben tirar, nunca empujar, y para alargarse de nuevo tienen que relajarse. Gracias a esto puedes caminar, respirar y tu corazón puede latir.
La contracción no ocurre porque los hilos se encojan, sino porque se deslizan. Cada fibra está llena de paquetitos largos llamados miofibrillas, y cada miofibrilla está hecha de hilos finos. Los dos más importantes son la actina, que son los hilos finos y fijos como cuerdas, y la miosina, que son los hilos gruesos con cabecitas como remos. Para contraerse, las cabecitas de miosina se agarran a la actina, tiran, sueltan y vuelven a agarrar usando energía.
Existen tres tipos de tejido muscular. El músculo esquelético está pegado a los huesos, es voluntario y estriado, y sirve para correr, escribir o sonreír. El músculo cardiaco está solo en el corazón, es involuntario y estriado en red, y bombea sangre sin parar. El músculo liso está en órganos como el intestino, la vejiga o los vasos sanguíneos, es involuntario y no estriado, y mueve sustancias dentro del cuerpo como empujar la comida.
Para clasificar un movimiento, primero pregunta si tú lo decides o no, y luego busca dónde ocurre y qué hace. Levantar tu mochila es voluntario y mueve huesos, por eso es esquelético. Que tu corazón lata mientras duermes es involuntario en el corazón, por eso es cardiaco. Que tu intestino empuje la comida después de almorzar es involuntario en un órgano interno, por eso es liso.