Tejido conectivo laxo y denso
Tu cuerpo necesita un relleno suave que deja pasar agua, nutrientes y defensas, y también cuerdas superfuertes que aguanten tirones sin romperse. Eso son el tejido conectivo laxo y el denso: el mismo material, pero tejido de forma distinta.
Los dos son tejido conectivo propiamente dicho, formado por células separadas por mucha matriz que ellas mismas fabrican. Sus ingredientes son la sustancia fundamental, que es el gel transparente de agua con azúcares y proteínas por donde viajan nutrientes y defensas, las fibras colágenas gruesas y resistentes que casi no se estiran, las fibras elásticas finas que sí se estiran, y el fibroblasto, la fábrica que produce gel y fibras.
El laxo, típicamente el tejido areolar, es como algodón de azúcar o esponja de cocina: pocas fibras sueltas y sin orden, mucho gel y muchas células variadas. Está debajo de la piel, entre músculos, alrededor de vasos y nervios y bajo el intestino. Sostiene sin apretar, rellena, une con flexibilidad y deja pasar agua, oxígeno y defensas como el macrófago que come microbios.
El denso es como jeans gruesos o cuerda de escalada: muchísimas fibras colágenas apretadas con poco gel y pocos fibroblastos aplastados. El denso regular tiene fibras paralelas para resistir en una dirección, como el tendón que une músculo con hueso y el ligamento que une hueso con hueso. El denso irregular tiene fibras entrecruzadas en malla para resistir en todas direcciones, como la dermis profunda y las cápsulas del riñón. A más colágeno ordenado en la dirección del tirón, más resistencia.