Tejido Conectivo Óseo
El tejido conectivo óseo es el material vivo que forma los huesos. Es un tejido conectivo porque tiene pocas células separadas por mucha matriz extracelular, y esa matriz está calcificada, es decir, endurecida con minerales. Aunque es muy duro, no es una piedra muerta: tiene células, vasos sanguíneos y nervios, por eso sangra, duele y se repara.
Como el concreto armado, combina dureza y flexibilidad. El cemento son los minerales y las varillas son las fibras de colágeno. Los obreros son sus tres células: el osteoblasto joven que construye osteoide, el osteocito adulto atrapado en su obra que mantiene y avisa de daños, y el osteoclasto grande con muchos núcleos que destruye hueso viejo. Los tres trabajan en equipo en la remodelación ósea permanente.
Su resistencia viene de la matriz mixta: unas 35 partes de cada 100 son orgánicas, casi todo colágeno tipo I flexible, y unas 65 partes son inorgánicas, cristales de hidroxiapatita Ca10(PO4)6(OH)2 de calcio y fósforo duros. El experimento clásico lo prueba: en ácido pierde mineral y queda gomoso por el colágeno, quemado pierde colágeno y queda quebradizo como tiza por el mineral solo.
En el hueso compacto esa matriz se ordena en osteonas o sistemas de Havers: laminillas en círculos, conducto central de Havers con sangre y nervios, lagunas con osteocitos, canalículos que los conectan y conductos laterales de Volkmann. Existe hueso compacto denso de osteonas y hueso esponjoso poroso de trabéculas con médula roja que fabrica sangre, cubiertos por periostio externo y endostio interno. Sus funciones son sostén, protección del cerebro y órganos, palanca para músculos, reserva de calcio y fósforo y casa de la médula ósea.