Generación Espontánea: La Vida desde lo Inerte
La teoría de la generación espontánea afirmaba que la vida podía nacer sola desde materia sin vida. Sin padres, sin huevos y sin semillas. Solo hacía falta materia en descomposición más calor y humedad, activados por un supuesto principio vital que hoy sabemos que no existe.
Esta idea nació de observaciones cotidianas sin microscopio. La gente veía gusanos en la carne podrida, moscas en el estiércol, ratones en graneros con trigo sucio y sudor, y ranas en el barro tras la lluvia. Como no podían ver los huevos diminutos de mosca ni las esporas de moho, parecía que la carne, el trigo y el barro los habían fabricado. Aristóteles, hace más de 2300 años, formalizó esta creencia con recetas famosas como trigo más sudor produce ratones, y barro más agua y sol produce ranas.
El ejemplo típico es el plátano olvidado en la mochila: se vuelve negro, blando y se llena de mosquitas. Si no se sabe de huevos microscópicos, parece que el plátano creó las mosquitas. Durante siglos esta fue una explicación rápida para algo que no se podía explicar de otra forma, porque se desconocía la reproducción de insectos y microbios.
La teoría se cayó con experimentos controlados. En 1668 Francesco Redi puso carne igual en un frasco abierto y en otro tapado con gasa: solo el abierto tuvo gusanos, lo que probó que vienen de moscas de fuera. Después, Lazzaro Spallanzani hirviendo caldo en frascos cerrados y Louis Pasteur con matraces de cuello en forma de S demostraron que hasta los microorganismos vienen de otros microorganismos, no del caldo solo.