Contaminación del agua y sus efectos
El agua limpia es vida. Cuando le agregamos basura, químicos o microbios en exceso se contamina, es decir, ya no sirve para beber, cocinar ni para que vivan los peces. Piensa en un vaso de jugo: una gota de tinta casi no cambia, pero medio vaso de tinta lo vuelve intomable. Con ríos y lagos pasa lo mismo, poco contaminante se diluye y mucho contaminante los enferma.
Existen cuatro grupos de contaminantes. Los biológicos son bacterias y virus del desagüe que causan diarrea y cólera. Los químicos inorgánicos son nitratos, fosfatos, plomo y mercurio que provocan eutrofización o envenenamiento. Los químicos orgánicos son plaguicidas, detergentes y petróleo, tóxicos que duran años sin destruirse. Los físicos son el calor de fábricas y la basura flotante, porque el agua caliente tiene menos O2 y mata a los peces.
La contaminación viene de dos orígenes. La fuente puntual sale de un punto claro, como el tubo de una fábrica, y es fácil de controlar. La fuente difusa viene de muchos lugares a la vez, como la lluvia que arrastra fertilizantes de todos los campos, y es muy difícil de controlar en toda una región.
Los efectos forman una cadena. Primero se acaba el oxígeno: los restos alimentan bacterias que gastan O2, y si la DBO, que es la Demanda Bioquímica de Oxígeno, es alta, los peces se asfixian. Luego ocurre la eutrofización: el exceso de nitratos y fosfatos hace crecer algas que cubren la superficie, quitan la luz, matan plantas del fondo y al descomponerse agotan el O2. En personas causa cólera, hepatitis, diarrea, metahemoglobinemia en bebés por nitratos y daño al cerebro y riñones por plomo y mercurio. Además ocurre bioacumulación, el tóxico se guarda en el cuerpo y se concentra hacia arriba en la cadena, como el mercurio en el atún. El peligro se mide con la concentración C = m / V en mg/L y se compara con el límite seguro.