Contaminación del suelo y sus efectos
La contaminación del suelo ocurre cuando se acumulan en la tierra sustancias dañinas en cantidades que la naturaleza no puede limpiar sola. Esa tierra enferma produce cultivos más pobres y ese veneno puede llegar al agua que bebemos y a los alimentos que comemos.
El suelo sano no es solo polvo, es la capa superficial de la Tierra donde crecen las plantas, una mezcla viva de minerales, agua, aire y restos de seres vivos. Los microorganismos del suelo, como bacterias y hongos buenos, reciclan hojas muertas y liberan nutrientes para las plantas. Como una esponja de cocina limpia que absorbe agua y la suelta poco a poco, el suelo aguanta un poco de basura, pero si recibe veneno todos los días se bloquea y enferma.
La contaminación llega por agricultura con exceso de fertilizantes y plaguicidas, minería, fábricas, derrames de petróleo, basura plástica y riego con aguas residuales. A diferencia del aire o del río, el suelo casi no se mueve, por eso lo que cae ahí se queda meses o hasta cientos de años. Luego se dispersa de forma peligrosa por lixiviación, que es el arrastre hacia abajo por la lluvia hasta el agua subterránea, por bioacumulación, que es la acumulación dentro de un ser vivo, y por biomagnificación, que es el aumento del veneno al subir en la cadena alimenticia.
Los culpables principales son los metales pesados como plomo Pb, cadmio Cd y mercurio Hg, los plaguicidas y fertilizantes en exceso, los hidrocarburos como petróleo y gasolina, y los plásticos y microplásticos. El daño viaja en cadena: el suelo se vuelve ácido o salado y pierde microbios, las plantas crecen enanas y amarillas, el veneno llega a pozos y ríos, y por comer alimentos contaminados aparecen intoxicaciones, cáncer y problemas en el desarrollo infantil. Para saber si hay contaminación se usa la concentración C, que es la cantidad de contaminante por cada kilo de suelo en mg/kg; si C supera el límite legal, el suelo se declara contaminado.