Dinámica de poblaciones
La dinámica de poblaciones estudia cómo y por qué cambia el número de individuos de una especie con el tiempo. Como en una fiesta en un salón pequeño, la cantidad sube si entran más de los que salen y baja si salen más de los que entran. Esas entradas y salidas son los nacimientos, las muertes, la inmigración y la emigración.
Para medirla contamos primero lo básico: la población, que es el conjunto de la misma especie en el mismo lugar y tiempo, su tamaño N y su densidad D = N / A, que indica si viven apretados o sueltos. También observamos su distribución, es decir, si se reparten en grupos, de forma pareja o al azar. El cambio total se calcula con Delta N = (B - D) + (I - E). Si es positivo la población crece, si es negativo se reduce y si es cero está en equilibrio.
La velocidad de ese cambio se mide con la tasa de crecimiento r = b - d, donde b es natalidad por individuo y d es mortalidad por individuo. Si r es mayor que 0 crece, si es menor que 0 disminuye y si es 0 no cambia. Hay dos modelos de crecimiento: el exponencial en forma de J, con recursos ilimitados donde crece cada vez más rápido, y el logístico en forma de S, que es lo más real, donde crece rápido al inicio y luego se frena al acercarse a la capacidad de carga K, el máximo que el ambiente puede sostener.
Lo que frena a una población puede depender de la densidad, como la competencia por comida, las enfermedades y los depredadores, o no depender de ella, como una helada, un incendio, una sequía o un volcán. Esto se relaciona con las estrategias de vida: los estrategas r tienen muchos hijos, viven poco y crecen rápido, como moscas y ratones, y los estrategas K tienen pocos hijos, los cuidan mucho y viven cerca de K, como el cóndor y los humanos. Por ejemplo, 500 truchas con 120 nacimientos, 50 muertes, 30 inmigrantes y 20 emigrantes ganan 80 individuos y llegan a 580, por lo que la población creció.