Flujo de energía en los ecosistemas
La energía entra al ecosistema como luz solar y solo los productores pueden atraparla mediante la fotosíntesis para guardarla como alimento. Sin ellos no hay energía para nadie más, por eso sostienen todo el ecosistema. Es como una mesada de 100 soles que se va gastando en cada mano.
Una vez atrapada, la energía viaja cuando un ser vivo se come a otro, pasando por escalones llamados niveles tróficos. El nivel 1 son los productores como el pasto, el nivel 2 los consumidores primarios como el conejo, el nivel 3 los secundarios como el zorro y el nivel 4 los terciarios como el águila, mientras los descomponedores como hongos y bacterias aprovechan restos en todos los niveles. Una cadena trófica muestra una fila simple como pasto -> conejo -> zorro -> águila, y la red trófica muestra la realidad con muchas cadenas conectadas.
El flujo avanza en una sola dirección y nunca vuelve atrás porque en cada transformación se pierde energía. Por la primera regla la energía solo se transforma de luz a alimento a movimiento y calor, y por la segunda regla una parte siempre escapa como calor no utilizable. A eso se suma lo que cada ser vivo gasta en respiración celular para vivir, moverse y reproducirse, más las partes no comestibles y los desechos.
De toda la energía atrapada por los productores (PPB), restando lo que gastan en respirar (R) solo queda la productividad primaria neta (PPN = PPB - R) para el siguiente nivel. En promedio solo pasa el 10% de un nivel al siguiente, según Eficiencia = (E_siguiente / E_anterior) x 100. Por eso con 10000 kcal en pasto llegan 1000 a conejos, 100 a zorros y solo 10 a águilas, formando una pirámide de energía que se angosta hacia arriba y explica por qué hay pocos depredadores y no hay nivel 6 o 7.