Coordinación química en los seres vivos
La coordinación química es el control del cuerpo mediante hormonas, que son mensajes químicos que viajan por la sangre en animales o por la savia en plantas. Es como el grupo de WhatsApp del salón: el mensaje tarda en llegar, pero todos lo reciben y actúan por un buen rato. Por eso es lenta, pero su efecto es duradero y general.
Para entenderla necesitas cinco palabras clave: hormona es el mensajero, glándula endocrina es la fábrica que lo lanza a la sangre sin tubo, receptor es la cerradura que lo reconoce, célula blanco es la que tiene receptor y obedece, y fitohormona es la hormona de planta. Solo hay respuesta si la célula tiene el receptor, aunque la hormona esté en muy poca cantidad.
En plantas no hay nervios ni cerebro, todo se coordina con fitohormonas. Las auxinas crecen el tallo hacia la luz, las giberelinas despiertan la semilla y alargan tallos y frutos, las citoquininas dividen células y despiertan brotes, el ácido abscísico frena y cierra estomas en sequía, y el etileno, que es un gas, madura frutos. Responden con tropismo, que es crecer hacia el estímulo, y nastia, que es moverse rápido sin crecer como la mimosa.
En animales las hormonas las fabrica el sistema endocrino: hipófisis que crece y dirige, tiroides que acelera el metabolismo, páncreas que controla el azúcar con insulina y glucagón, suprarrenales que preparan para correr o pelear, y ovarios y testículos para la reproducción. Todo se equilibra por retroalimentación negativa, como un termostato: tras comer pan la glucosa alta dispara insulina para guardar, y en ayuno la glucosa baja dispara glucagón para liberar.