Mapa Mental de la Desertificación
La desertificación es la degradación del suelo en tierras secas, cuando un suelo que podía dar vida se vuelve pobre, seco y casi improductivo. No es el avance natural de un desierto existente como el Sahara, que es un ecosistema normal. Es un daño que aparece en el mismo lugar porque se combinan el mal uso humano y la falta de agua. La Convención de la ONU contra la Desertificación la define así para distinguirla de un desierto verdadero.
La idea clave es pensar en el suelo sano como una esponja gruesa y una cuenta bancaria: guarda agua y nutrientes y las plantas solo usan los intereses. Con la desertificación se saca más de lo que se repone, la esponja se adelgaza, se endurece y ya no absorbe. Aunque llueva, el agua resbala y se pierde. Todo avanza en un círculo vicioso: se pierde la cubierta vegetal, el suelo queda desnudo y se erosiona, pierde materia orgánica y agua, se compacta o se saliniza, vuelven menos plantas y todo empeora.
Las causas humanas como tala para leña, cultivo sin descanso, sobrepastoreo y riego con agua salada dejan el suelo desnudo, lo agotan y lo salan. Las causas naturales como sequías largas, lluvias muy fuertes y cortas y vientos fuertes secan la esponja y arrastran lo fértil. Para medir el riesgo se usa el índice de aridez IA = P / ETP, donde P es la precipitación anual y ETP es la evapotranspiración potencial. Si IA está entre 0,05 y 0,65, de árido a subhúmedo seco, hay peligro de desertificación.
En la naturaleza provoca menos plantas y animales, más polvo, inundaciones y menos captura de carbono. En las personas provoca cosechas pobres, hambre, pobreza y migración. Frenarla es posible con manejo sostenible: dejar descansar el suelo, rotar cultivos, no exceder el ganado, plantar árboles nativos y regar por goteo con buen drenaje. Por ejemplo, con P = 300 mm y ETP = 1500 mm, IA = 0,2, en límite árido-semiárido y en zona de riesgo.