Efecto invernadero: la manta invisible
El efecto invernadero es como una manta invisible de gases en la atmósfera que mantiene tibia la Tierra. Funciona como un carro cerrado bajo el sol: la luz entra por los vidrios y calienta los asientos, pero el calor ya no puede salir tan fácil. En la Tierra, en vez de vidrios, hay gases que dejan entrar la luz solar pero atrapan el calor que sube del suelo.
El proceso ocurre en cuatro pasos. Primero llega la radiación solar como luz y calor en ondas. Después el suelo y el mar absorben esa energía y la devuelven hacia arriba como radiación infrarroja invisible. Luego los gases de efecto invernadero atrapan parte de ese calor y otra parte escapa al espacio, creando un equilibrio que mantiene la temperatura media global en unos 15 grados.
No todos los gases forman la manta. El oxígeno y el nitrógeno que respiramos no atrapan calor. Los protagonistas son el vapor de agua H2O, el más abundante y natural; el dióxido de carbono CO2 de la respiración, volcanes y quema de gasolina, carbón y gas; el metano CH4 del ganado, arrozales y basura que atrapa mucho más calor; el óxido nitroso N2O de fertilizantes que dura más de 100 años; y el ozono O3 y los CFC artificiales que calientan muchísimo aunque hay poquitos.
Hay que distinguir lo natural de lo humano. Sin el efecto natural la Tierra tendría -18 grados y sería una bola de hielo; con él tenemos 15 grados, o sea 33 grados de abrigo que permiten la vida. El problema actual es el efecto intensificado: quemar petróleo, carbón y gas, talar bosques y criar mucho ganado añade más CO2, CH4 y N2O. No es que el Sol caliente más, es que la Tierra deja escapar menos calor y la manta total calienta de más.