Importancia de la biodiversidad
La biodiversidad es la variedad de la vida en la Tierra y de los lugares donde vive. Tiene tres niveles: la diversidad genética, que son las diferencias dentro de la misma especie; la diversidad de especies, que es la cantidad de especies distintas en un lugar; y la diversidad de ecosistemas, que es la variedad de ambientes con sus seres vivos, agua, suelo y clima. Es como una caja de herramientas: si solo tienes un martillo no puedes arreglar todo, pero con muchas herramientas puedes resolver casi cualquier problema.
Su importancia se entiende por los servicios ecosistémicos, los beneficios gratis que la naturaleza nos da. Los servicios de provisión son lo que tomamos directamente, como frutas, madera, agua y medicinas. Los de regulación son lo que la naturaleza controla por nosotros, como las abejas que polinizan, los bosques que limpian el aire y los manglares que frenan inundaciones. Los de sostén o apoyo son lo básico para que haya vida, como el suelo fértil, el ciclo del agua y la fotosíntesis que produce oxígeno. Los culturales nos dan bienestar, turismo, plantas sagradas e inspiración para el arte.
A más diversidad, mayor resiliencia ecológica, que es la capacidad de recuperarse después de un daño. La diversidad genética es un banco de genes distintos que permite crear maíz o papa resistente a plagas y sequías, y más de la mitad de los medicamentos vienen de la naturaleza. Los bosques diversos retienen más agua, sus raíces distintas sujetan el suelo y absorben más dióxido de carbono. El valor total de la biodiversidad suma lo que usamos hoy, lo que nos protege sin verlo, lo que podría servirnos mañana y lo que vale solo por existir.
El ejemplo de dos parcelas de papa en los Andes lo demuestra: la parcela A con 1 sola variedad pierde el 90% ante un hongo nuevo y se queda casi sin cosecha, mientras la parcela B con 5 variedades solo pierde el 36% porque 3 resisten y hay comida y semilla. La diversidad no evitó la enfermedad, pero evitó el desastre total. Perder biodiversidad sale caro, afecta la pesca, la agricultura y el trabajo, daña la cultura y es irreversible, por eso cuidarla es cuidarnos.