Organismo como nivel ecológico
La ecología empieza con un solo ser vivo individual, como un cactus, un cóndor o una persona. La autoecología estudia a ese organismo y su relación con el ambiente: cómo consigue agua, energía y refugio, y cómo aguanta el frío, el calor o la falta de agua donde vive.
Cada organismo vive en un hábitat, que es su dirección física, y cumple un nicho ecológico, que es su profesión: qué come, a qué hora sale y dónde se refugia. Lo afectan factores abióticos como luz, agua y temperatura, y factores bióticos como depredadores y alimento. Solo funciona bien dentro de un rango de tolerancia, con un mínimo, un óptimo y un máximo, y su supervivencia la frena un factor limitante, como el agua en el desierto.
Para sobrevivir desarrolla adaptaciones heredadas: morfológicas en la forma del cuerpo, fisiológicas en el funcionamiento interno y conductuales en lo que hace. Mantiene su equilibrio interno con la homeostasis, como el balance de agua donde lo que entra debe igualar lo que sale. El cactus del desierto lo muestra claro: guarda agua, la absorbe rápido y la pierde poco, pero solo dentro de sus límites.