Enfermedades autoinmunes: cuando la defensa te ataca
Tu cuerpo tiene un ejército que te defiende de los microbios: el sistema inmunitario. Sus soldados principales son los linfocitos, un tipo de glóbulo blanco que patrulla el cuerpo. Cada intruso tiene una marca llamada antígeno, como su DNI, y tus propias células también tienen DNI propio. En lo normal, los linfocitos aprenden a no atacar ese DNI propio, esto se llama tolerancia inmunológica.
En una enfermedad autoinmune ese ejército se equivoca de enemigo y ataca a tu propio cuerpo. La tolerancia se rompe y los linfocitos confunden tu DNI con el del enemigo. Entonces fabrican autoanticuerpos, como balas que van contra ti, y esto crea inflamación crónica, con enrojecimiento, hinchazón y dolor que dura meses o años.
Esto pasa por dos cosas juntas: genética y ambiente. Con la genética naces con defensas más sensibles, como heredar un perro guardián nervioso. Con el ambiente, un virus, el estrés o fumar aprietan el gatillo y el perro muerde al dueño. Si hay autoanticuerpos > 0 en un análisis, significa que el ataque existe.
Hay dos grandes grupos: específicas de un órgano, que atacan un solo lugar, y sistémicas, que atacan todo el cuerpo. La diabetes tipo 1 ataca el páncreas, Hashimoto la tiroides y la esclerosis múltiple la mielina de los nervios, mientras la artritis reumatoide ataca articulaciones y el lupus ataca piel, riñones y articulaciones a la vez. El caso de Marta, con sed, mucha orina y peso perdido por falta de insulina, muestra una específica de órgano. En resumen, son crónicas, no contagiosas, y se tratan calmando ese ataque.