Respuesta inmunitaria: reconocer, atacar y recordar
La respuesta inmunitaria es la defensa que activa tu cuerpo cuando entra un invasor. Lo detecta como extraño, lo destruye y guarda memoria para responder más rápido la próxima vez. Es como una casa con dos equipos de seguridad: vigilantes generales que atacan a cualquiera que se comporte raro y un equipo especial que estudia la cara del ladrón, fabrica pinzas exactas para atraparlo y archiva su foto.
Para entenderla necesitas cinco palabras clave: antígeno es la parte extraña que se reconoce como no propia, anticuerpo es la proteína en forma de Y que atrapa un antígeno concreto, linfocito es el glóbulo blanco especializado B o T, macrófago es la célula grande que se come al microbio y da la alarma, y memoria inmunológica es el recuerdo guardado para reaccionar más rápido.
La primera línea es la respuesta innata, rápida y general con la que naces. Actúa en minutos a horas sin conocer antes al microbio. El macrófago detecta al microbio y se lo come por fagocitosis y provoca inflamación, por eso hay hinchazón, calor y enrojecimiento por llegada de más sangre y defensas. Es potente, pero a veces no basta contra virus que se esconden dentro de tus células.
La segunda línea es la respuesta adaptativa, lenta y específica que se adapta a cada invasor. El macrófago muestra un pedazo de antígeno al linfocito T ayudador, este da la orden y los linfocitos B y T exactos se multiplican por expansión clonal. La rama humoral usa linfocitos B convertidos en células plasmáticas que fabrican anticuerpos para bloquear virus y bacterias libres en la sangre, y la rama celular usa linfocitos T citotóxicos, con ayuda de los T ayudadores, para destruir tus propias células ya infectadas.
Después del ataque la mayoría de linfocitos muere, pero algunos quedan como células de memoria que viven años. Por eso la respuesta primaria es lenta, de 7 a 10 días, con pocos anticuerpos primero IgM y luego poca IgG, mientras la respuesta secundaria es rápida, de 2 a 3 días, con mucha IgG más eficaz. Esta memoria es la base de las vacunas, como en el caso de Lucía: la vacuna contra el sarampión entrena con antígeno debilitado, crea memoria y en el contacto real los anticuerpos bloquean el virus y los T matan las pocas células infectadas antes de que haya síntomas.