Células mieloides: guardias rápidos
Las células mieloides son la primera línea de defensa del cuerpo y pertenecen a la inmunidad innata, rápida y sin memoria fina. Nacen en la médula ósea a partir de la célula madre hematopoyética, que se divide en progenitor mieloide común y progenitor linfoide común. Aunque el progenitor mieloide también produce glóbulos rojos y plaquetas, en inmunología solo llamamos mieloides a las que defienden.
El equipo está formado por neutrófilos, eosinófilos, basófilos, mastocitos, monocitos, macrófagos y células dendríticas. Los neutrófilos son los más abundantes y los primeros en llegar para comer microbios, los monocitos se convierten en macrófagos para limpiar restos, las dendríticas presentan antígenos a los linfocitos, los eosinófilos atacan parásitos grandes y los basófilos y mastocitos provocan inflamación.
Actúan con tres superpoderes: fagocitosis para digerir microbios, inflamación con histamina y citoquinas para traer refuerzos, y presentación de antígeno para conectar con la inmunidad inteligente. Frente a una astilla sucia, primero alarman los mastocitos, luego llegan neutrófilos, después limpian los macrófagos y al final avisan las dendríticas. Recuerda el dato clave: los neutrófilos son el 60% al 70% de los leucocitos.