Sangre: componentes y funciones
La sangre es un tejido líquido que circula sin parar por todo el cuerpo. Funciona como un servicio triple de entrega, limpieza y seguridad: lleva oxígeno y nutrientes a cada célula, recoge desechos para eliminarlos y defiende contra microbios. Para recordarlo, imagina el cuerpo como una ciudad en movimiento.
En esa ciudad, el plasma es la red de calles: un líquido amarillento con mucha agua, proteínas, sales, nutrientes y hormonas que ocupa 55 mL de cada 100 mL de sangre. Los camiones de reparto son los glóbulos rojos o eritrocitos, que ocupan unos 44 mL y son células sin núcleo llenas de hemoglobina, la proteína que atrapa el oxígeno. Los policías y albañiles ocupan solo 1 mL: los glóbulos blancos o leucocitos patrullan y destruyen bacterias y virus, y las plaquetas o trombocitos son fragmentos sin núcleo que tapan heridas.
Sus funciones avanzan de lo simple a lo complejo. Primero, el transporte: el plasma mueve nutrientes del intestino, hormonas de las glándulas y desechos hacia el riñón, mientras los glóbulos rojos llevan oxígeno de los pulmones a los tejidos y recogen parte del dióxido de carbono. Segundo, la defensa con glóbulos blancos. Tercero, el taponamiento o coagulación, donde las plaquetas se pegan y pasan de líquido a gel para cerrar cortes. Cuarto, el equilibrio: reparte calor para mantener unos 37 grados y estabiliza el agua y la acidez del cuerpo.
Un ejemplo lo aclara: una persona con 5 L de sangre tiene 0.55 de plasma, es decir 5 por 0.55 igual a 2.75 L de plasma. La parte sólida o elementos formes es el resto: 5 menos 2.75 igual a 2.25 L, casi toda de glóbulos rojos y solo una pizca de blancos y plaquetas. Por eso un corte pequeño muestra líquido rojo, que es plasma mezclado con glóbulos rojos.