Tejido muscular: el motor del cuerpo
El tejido muscular es el motor de tu cuerpo. Está formado por células alargadas llamadas fibras musculares que tienen la capacidad de acortarse y generar fuerza. Gracias a él puedes caminar, respirar y tu corazón puede latir sin detenerse.
Todo músculo tiene cuatro propiedades clave: excitabilidad para responder a la orden del nervio, contractilidad para acortarse y hacer fuerza, extensibilidad para estirarse sin romperse y elasticidad para volver a su largo original. Para entender la contracción imagina un equipo de remo: la miosina gruesa con bracitos jala la actina delgada, y cuando todas jalan a la vez la fibra se acorta.
En tu cuerpo hay tres tipos de tejido muscular. El esquelético está pegado a los huesos, es estriado, voluntario, con fibras largas multinucleadas, rápido y se cansa. El cardiaco está solo en el corazón, es estriado y ramificado con 1 o 2 núcleos centrales, involuntario, rítmico y no se cansa. El liso está en intestino, estómago, vasos sanguíneos y útero, no tiene rayas, tiene células en huso con un núcleo central, es involuntario, lento y sostenido.
La contracción va de lo grande a lo pequeño: el músculo contiene fascículos, cada fascículo tiene fibras, cada fibra tiene miofibrillas y cada miofibrilla se divide en sarcómeros. El sarcómero es la unidad mínima que se acorta, donde los filamentos de actina y miosina se deslizan uno sobre otro. Para hacerlo se necesita Ca2+ que destapa el agarre y ATP que da energía con la reacción ATP -> ADP + Pi + energía. Sin esta orden y energía no hay movimiento, por eso el bíceps que levanta una mochila, el corazón latiendo y el intestino moviendo comida usan músculos distintos.