Dominio Archaea y Organismos Extremófilos
Las archaea son microbios procariotas unicelulares y microscópicos que parecen bacterias al microscopio, pero por dentro son muy diferentes. Forman uno de los tres dominios de la vida, junto a Bacteria y Eukarya. Su ADN está suelto en el citoplasma, sin núcleo, y muchas son anaerobias estrictas, viven sin oxígeno y el oxígeno las daña.
Lo que las hace únicas es su química superresistente. Su membrana está hecha de lípidos isoprenoides ramificados con enlaces éter, un pegamento muy estable que no se rompe con calor o ácido. Su pared celular no tiene peptidoglucano como las bacterias, sino proteínas u otras cubiertas. Además, su ARN polimerasa, la máquina que lee el ADN para hacer proteínas, es compleja y parecida a la de animales y plantas. Por eso no son bacterias raras, sino otra rama de la vida, y no se conoce ninguna que cause enfermedades humanas.
Muchas archaea son extremófilas, es decir, amantes de condiciones extremas que matarían a la mayoría. Los termófilos aman el calor mayor a 45 grados y los hipertermófilos mayor a 80 grados, como Pyrolobus fumarii hasta 113 grados. Los psicrófilos aman el frío menor a 15 grados, los halófilos aman la sal como Halobacterium salinarum, los acidófilos viven a pH menor a 3 y los alcalófilos a pH mayor a 9 como Sulfolobus, los piezófilos aman la presión del fondo oceánico y los metanógenos producen metano con CO2 + 4H2 → CH4 + 2H2O en pantanos e intestinos. Ojo: no todas son extremófilas, también hay en océano normal, suelo e intestino.
Sus enzimas estables trabajan en agua hirviendo y se usan en laboratorios e industria. Nos ayudan a entender el origen de la vida en géiseres y son clave en astrobiología, la ciencia que busca vida fuera de la Tierra en Marte o lunas heladas.