Barreras de defensa: tu muralla externa
Tu cuerpo vive rodeado de microbios todos los días y las barreras de defensa son su muralla externa. Frenan la entrada de patógenos antes de que te enfermes, sin hacer una lucha interna complicada.
Un patógeno es un microbio que puede causarte enfermedad y siempre intenta entrar. Una barrera lo detiene o lo expulsa: la piel es la muralla alta, los ácidos y enzimas son el foso ácido, y la microbiota son los amigos que ocupan el patio. Son rápidas, gastan poca energía y frenan a todos los microbios por igual.
Hay tres tipos complementarios. Las físicas bloquean o barren: piel intacta con queratina, mucosa con moco pegajoso, cilios con tos, estornudo y parpadeo, y arrastre con orina y lágrimas. Las químicas destruyen o frenan: lisozima en lágrimas, saliva y moco nasal, ácido del estómago con pH menor a 3, sudor y sebo salados y ácidos, además de defensinas y acidez de piel y vagina.
Las biológicas son la microbiota de piel, boca e intestino, que ocupa espacio, consume alimento y fabrica sustancias que frenan invasores. Por eso los antibióticos sin control dejan el castillo vacío y facilitan infecciones. Si bebes agua de río con bacterias, primero te protege la saliva, luego el ácido del estómago y al final el moco con microbiota del intestino; solo si se superan las tres en cadena hay infección.