Respuesta Inmunitaria Adquirida
La respuesta inmunitaria adquirida es la defensa que tu cuerpo aprende durante tu vida. No naces con ella lista, la construyes cada vez que conoces un microbio nuevo. Es específica porque reconoce a cada enemigo por su marca exacta, y es con memoria porque recuerda al enemigo para responder más rápido la próxima vez.
Sus protagonistas son el antígeno, que es la marca o uniforme del invasor; el linfocito, que es el soldado inteligente; el linfocito B, que fabrica armas a distancia; el linfocito T, que lucha cuerpo a cuerpo o da órdenes; el anticuerpo, que es el arma en forma de Y que se pega al invasor y lo marca; y la memoria inmunológica, que son células que viven años esperando el regreso. Como un guardia de colegio que toma foto al intruso de gorra roja para expulsarlo en minutos al día siguiente, tus linfocitos guardan la foto del enemigo.
Todo empieza con el reconocimiento, cuando un linfocito choca con un antígeno que encaja como llave y candado. Si encaja se activa y se multiplica muy rápido formando un ejército de clones, lo que tarda varios días y causa fiebre. Luego ataca con dos equipos: la respuesta humoral, donde los B fabrican anticuerpos que viajan por la sangre contra microbios fuera de las células, y la respuesta celular, donde los T asesinos destruyen células infectadas y los T ayudantes dan órdenes contra virus escondidos. Por eso la segunda respuesta es más rápida: t_secundaria < t_primaria.
Después de ganar, la mayoría del ejército muere pero quedan células memoria en ganglios y sangre. La primera respuesta o primaria es lenta y suave, la segunda o secundaria es rápida y fuerte porque no empieza de cero. Las vacunas entrenan esta memoria con antígenos debilitados sin causar enfermedad grave, como Ana que vacunada contra sarampión no enferma al cruzarse con el virus real porque sus memorias lo bloquean en horas.