Obras Públicas del Oncenio de Leguía
Durante el Oncenio (1919-1930), Augusto B. Leguía gobernó 11 años seguidos bajo el lema de la Patria Nueva. Su apuesta fue modernizar el Perú llenándolo de carreteras, avenidas y edificios modernos. Lima cambió de cara y el país se conectó como nunca antes.
Fue como remodelar una casa con tarjeta de crédito: la casa queda linda y moderna, con piso nuevo y luces nuevas. Leguía dejó una Lima linda con Plaza San Martín, avenidas como Leguía hoy Arequipa y Brasil, Palacio de Justicia, Hotel Bolívar, agua potable, desagüe y luz eléctrica. Fuera de Lima conectó pueblos con la Carretera Panamericana y la Carretera Central, y llevó agua al desierto costeño con irrigaciones en Olmos, Chira, Cañete e Imperial.
Construyó tanto por tres motivos: quería impresionar en los centenarios de 1921 y 1924, quería apoyo político con trabajo y aplausos, y tenía dinero prestado fácil de Estados Unidos. Para avanzar usó la Ley de Conscripción Vial de 1920, que obligó a hombres de 18 a 60 años a trabajar gratis en carreteras, afectando sobre todo a campesinos indígenas de la sierra.
El problema fue la cuenta: todo se pagó con empréstitos, préstamos grandes de bancos extranjeros que se devuelven con intereses. La deuda externa creció muchísimo y cuando llegó la crisis de 1929 el Perú no pudo pagar fácilmente. Por eso se dice que las obras modernizaron pero endeudaron al país.