Sales Minerales: Iones Vitales
Las sales minerales son compuestos inorgánicos formados por iones, es decir, átomos con carga eléctrica por haber ganado o perdido electrones. No tienen carbono como base ni dan energía como el pan, pero se necesitan en cantidades mínimas para vivir. Son como los tornillitos y chips de un celular: casi no se ven, pero sin ellos fallan los huesos, los nervios y los músculos.
En el cuerpo existen en dos formas. Las sales disueltas son electrolitos libres en la sangre, dentro y entre las células. Controlan el agua por ósmosis, con sodio fuera y potasio dentro; llevan mensajes porque los cambios rápidos de sodio, potasio y calcio encienden nervios y músculos; y mantienen el pH estable cerca de 7,4 gracias al tampón bicarbonato, que atrapa los ácidos sobrantes y los expulsa como CO2 al respirar.
Las sales precipitadas son sólidas e insolubles y dan dureza. El fosfato de calcio endurece huesos y dientes, el carbonato de calcio forma caparazones de moluscos y corales, y la sílice da rigidez a algunas plantas. Cada ion tiene un trabajo preciso: el calcio contrae el músculo y coagula, el magnesio ayuda a las enzimas, el fosfato forma ATP y ADN, el hierro lleva oxígeno en la hemoglobina, y el yodo y el flúor actúan en trazas en tiroides y dientes.
El equilibrio es clave: tanto la falta como el exceso enferman. El caso de Diego, que suda mucho jugando fútbol y solo bebe agua pura, lo muestra: pierde sodio, potasio y cloruro, su músculo se acalambra y su sangre se diluye. La solución es un suero oral o bebida isotónica con sales y un poco de glucosa, que ayuda a absorber el sodio.