Probabilidad clásica con la regla de Laplace
La probabilidad clásica mide qué tan posible es que algo pase cuando todos los resultados tienen la misma oportunidad. Imagina una tómbola justa con boletos bien mezclados: sacar uno sin mirar es justo porque ninguno tiene trampa. La probabilidad solo pregunta qué parte de los boletos te hace ganar. Por eso la idea central es simple: si cuentas bien, calculas bien.
Para contar necesitas un vocabulario mínimo. El experimento aleatorio es la acción cuyo resultado no se sabe antes, como lanzar un dado o sacar una carta. El espacio muestral, simbolizado como Ω, es el conjunto de todos los resultados posibles, por ejemplo {1, 2, 3, 4, 5, 6} en un dado. El evento, llamado A, es lo que te interesa que ocurra y es una parte de Ω, por ejemplo salir par A = {2, 4, 6}. Los casos posibles son el total y los casos favorables son los que cumplen tu evento.
La regla de Laplace solo se puede usar si se cumplen dos condiciones: el total de resultados es finito, se puede contar y se acaba, y todos son equiprobables, tienen la misma chance. Si se cumplen, la probabilidad del evento A es P(A) = número de casos favorables entre número de casos posibles, o sea P(A) = n(A) / n(Ω). El resultado siempre está entre 0 y 1: si es 0 es imposible y nunca pasa, si es 1 es seguro y siempre pasa.
Para aplicarla sigue siempre el mismo orden: primero escribe Ω para saber qué puede pasar, segundo verifica que sea finito y justo, tercero define A con claridad, cuarto cuenta n(Ω) y n(A), y quinto divide y simplifica. Por ejemplo, al lanzar un dado justo, Ω tiene 6 casos, el evento par es {2, 4, 6} con 3 casos, por lo que P(par) = 3/6 = 1/2 = 0.5, es decir 50%.