Mecanismos de defensa del sistema inmunitario
Tu cuerpo es atacado cada día por microbios invisibles llamados patógenos, como bacterias y virus. Para frenarlos no usa una sola arma, sino tres líneas de defensa ordenadas de la más general a la más específica. Si una línea falla, entra la siguiente, más potente y más precisa.
La línea 1 son las barreras físicas y químicas que impiden la entrada: la piel como muro seco, las mucosas con moco pegajoso que atrapa, las barreras químicas como el ácido del estómago y la lisozima de lágrimas y saliva, y la microbiota que ocupa el espacio. Son rápidas y gastan poca energía, pero si hay un corte, la muralla se rompe.
La línea 2 es la defensa innata interna, la alarma rápida que actúa en minutos u horas sin haber visto antes al microbio. Sus mecanismos son la fagocitosis con macrófagos y neutrófilos que tragan microbios, la inflamación roja, caliente e hinchada que trae más defensas, la fiebre que frena bacterias, las células NK que matan células infectadas, los interferones que avisan a las vecinas y el sistema del complemento que perfora y marca patógenos.
La línea 3 es la defensa adaptativa, lenta al inicio porque tarda días, pero muy específica y con memoria. Reconoce antígenos, que son las marcas extrañas, con anticuerpos en forma de Y que encajan como llave y cerradura. Los linfocitos B hacen la inmunidad humoral con anticuerpos en sangre contra enemigos externos, y los linfocitos T hacen la inmunidad celular, con T citotóxicos que destruyen infectadas y T ayudantes que coordinan. Después quedan células de memoria que permiten responder en horas la segunda vez, como se ve cuando una espina sucia rompe la piel, causa inflamación y fagocitosis, y si no basta activa a los linfocitos.