Teoría evolutiva de Darwin
La teoría evolutiva de Darwin, publicada en 1859, explica por qué los grupos vivos cambian con el tiempo. Su idea central es simple: en la naturaleza no todos consiguen tener la misma cantidad de crías. Los que aguantan mejor el ambiente suelen tener más crías, esas crías se parecen a sus padres y, con el tiempo, casi todo el grupo cambia.
Darwin se basó en tres hechos que siempre se repiten. Nacen muchísimas más crías de las que pueden sobrevivir, como los cientos de semillas de una sola planta. Ya existe variación desde el inicio y nadie la crea a propósito, y parte de esa variación es heredable. Como nacen más de los que caben, hay lucha por la existencia, es decir, competencia por comida, agua y pareja donde muchos mueren jóvenes.
La selección natural es el filtro del ambiente. No piensa ni decide, solo deja vivir más a unos que a otros, como un colador de cocina que sin querer deja pasar el arroz y retiene las piedritas. Los que tienen una variación útil sobreviven más y dejan más hijos fértiles, lo que se mide como aptitud biológica w. Ese rasgo útil y heredable es una adaptación.
El proceso sigue cinco pasos: variación, sobreproducción, lucha, supervivencia desigual con mayor w, y herencia y cambio. En cada generación crece p, la parte del grupo que tiene la ventaja, hasta que p final es mayor que p inicial. El ejemplo de las jirafas lo muestra: en sequía solo quedan hojas altas, las de cuello largo comen bien y dejan 3 crías frente a 1 o ninguna de las de cuello corto, así que tras muchas generaciones casi todas son de cuello largo. Evoluciona el grupo entero, ninguna jirafa se estira en su vida para transformarse.