Crisis del sistema colonial
El Virreinato del Perú funcionó casi 200 años bajo un equilibrio frágil: el Perú entregaba plata, sobre todo de Potosí y Huancavelica, y España ofrecía orden, protección y reparto de cargos y privilegios. A ese acuerdo silencioso se le llama pacto colonial.
En el siglo XVIII ese pacto se rompió. España, gobernada por los Borbones y envuelta en guerras europeas, necesitó mucho más dinero y control directo. Con Carlos III impulsó las Reformas Borbónicas para centralizar el poder y aumentar la recaudación, pero sin aliviar la presión sobre la población.
La crisis tuvo cuatro causas conectadas. En lo económico cayó la minería y creció el contrabando mientras subían los impuestos; en lo social aumentaron la mita, trabajo obligatorio por turnos en minas, y el reparto mercantil, venta forzada y cara del corregidor a los indígenas; en lo político los criollos, españoles nacidos en América, fueron apartados de los cargos en favor de peninsulares; y en lo ideológico llegaron la Ilustración, la independencia de Estados Unidos en 1776 y la Revolución Francesa en 1789.
La chispa fueron las reformas: la alcabala, impuesto a las ventas, pasó de 2 a 6, se crearon aduanas y estancos, se expulsó a los jesuitas en 1767, se impusieron intendencias en 1784 y se dividió el virreinato con Nueva Granada, Río de la Plata y la Audiencia del Cuzco. La explosión fueron las rebeliones de Juan Santos Atahualpa desde 1742, Túpac Amaru II y Micaela Bastidas en 1780, Túpac Katari en el Alto Perú en 1781 y las conspiraciones criollas como Aguilar y Ubalde en 1805, que mostraron que España ya no podía gobernar como antes y abrieron el camino a la independencia.