Sistema inmunitario: definición y tipos
El sistema inmunitario es el conjunto de órganos, células y proteínas que protege tu cuerpo. Su trabajo es detectar lo extraño y eliminarlo. Funciona como un aeropuerto: la inmunidad innata es como los guardias de la entrada que frenan rápido a todos sin preguntar nombres, y la inmunidad adaptativa es como los detectives que buscan con foto a una persona concreta, tardan más pero no se equivocan.
Para entenderlo necesitas tres palabras clave. El patógeno es el microbio que puede hacerte daño, como una bacteria o un virus. El antígeno es la marca extraña que lleva en su superficie, como su huella digital. El anticuerpo es la proteína con forma de Y que se pega a ese antígeno para marcarlo con una etiqueta que dice elimíname.
La inmunidad innata es la defensa de nacimiento, lista desde que naces. Es inmediata, actúa en minutos o pocas horas, es general y no tiene memoria. Tiene dos partes: las barreras físicas y químicas como la piel, las mucosas y mocos, el ácido del estómago y la saliva, y las defensas internas generales como los fagocitos que comen microbios, las células NK que destruyen células infectadas y la inflamación con enrojecimiento, calor e hinchazón que lleva más defensas a la zona.
La inmunidad adaptativa es la defensa que se aprende con la experiencia y se activa solo si la innata no basta. Es lenta al inicio, tarda de 5 a 7 días, pero es específica contra un antígeno concreto y tiene memoria. Tiene dos ramas: la inmunidad humoral en la sangre y líquidos, donde los linfocitos B fabrican anticuerpos que marcan al patógeno para que los fagocitos lo coman, y la inmunidad celular célula a célula, donde los linfocitos T asesinos destruyen la célula infectada y los T ayudantes coordinan al equipo. Gracias a la memoria inmunológica, guarda células B y T de memoria y si el mismo microbio vuelve responde en 24 a 48 horas, como ocurre tras clavarte una astilla sucia.