Reproducción asexual en plantas
La reproducción asexual en plantas es la formación de nuevas plantas a partir de una sola planta madre, sin flores, sin semillas sexuales y sin unión de gametos como polen y óvulo. Solo se utiliza una parte del cuerpo vegetal, como un tallo, una raíz o una hoja, y la base celular es la mitosis, que copia todo el ADN y mantiene el doble juego de cromosomas 2n. Por eso todas las hijas son clones que cumplen ADN hijo = ADN madre, copias genéticas idénticas sin mezcla de genes.
Todo el proceso empieza en una yema, un puntito con células bebé capaz de formar tallo, hojas o raíces. Dentro está el meristemo, el grupo de células que se divide sin parar, y gracias a la totipotencia una célula vegetal puede regenerar una planta completa si tiene agua, nutrientes y hormonas. Es como una fotocopiadora: la reproducción sexual mezcla estilos de dos artistas, mientras la asexual aprieta un botón y saca copias iguales, rápido y fiel, pero si el original tiene un error todas las copias lo comparten.
En la naturaleza la planta lo hace sola con tallos y hojas modificados: estolón de fresa, rizoma de jengibre, tubérculo de papa con ojos que son yemas, bulbo de cebolla, hijuelo de sábila y hoja con yemas de Kalanchoe. Las personas imitan y aceleran este poder con técnicas artificiales: esqueje, acodo, injerto y micropropagación en laboratorio para obtener miles de copias sanas de orquídeas o banano.
Su gran ventaja es que es rápida y mantiene las cualidades buenas de la madre, como frutos dulces. Su límite es la falta de variedad: al ser todos clones, una plaga o cambio ambiental afecta a todos por igual.