Estructura y dinámica de la geosfera
La geosfera es la parte sólida y rocosa de la Tierra, desde el suelo que pisamos hasta el centro a unos 6.371 km de profundidad. Como un huevo duro, tiene una cáscara fina y fría que es la corteza donde vivimos, una clara gruesa que es el manto de roca caliente y una yema central metálica que es el núcleo. No es una roca quieta: por dentro está muy caliente y se comporta como un líquido espeso que se mueve lentísimo.
Por composición se divide en tres capas separadas por discontinuidades, donde las ondas sísmicas cambian de velocidad. La corteza es fina, de 5 a 70 km, con silicio y aluminio, sólida y rígida. La corteza oceánica es fina de 5 a 10 km, densa y joven, mientras la continental es gruesa de 30 a 70 km, ligera y antigua. El manto es la capa más gruesa con unos 2.900 km, con silicio y magnesio, y representa casi el 80% del volumen. El núcleo tiene unos 3.470 km de radio, es de hierro y níquel y supera los 5.000 °C, con un núcleo externo líquido que genera el campo magnético y un núcleo interno sólido por la enorme presión.
Por comportamiento se divide según si se rompe o fluye. La litosfera incluye la corteza más la parte dura superior del manto, es fría y rígida de unos 100 km y está partida en placas tectónicas. Debajo está la astenosfera, entre 100 y 660 km, de manto caliente y plástico como plastilina sobre la que flotan las placas. Más abajo está la mesosfera o manto inferior, entre 660 y 2.900 km, sólida y más rígida. Las placas tectónicas son trozos grandes de litosfera, 7 grandes y varias pequeñas, como balsas gigantes.
Las placas se mueven por corrientes de convección del manto, como una olla de sopa hirviendo: el núcleo calienta la base, la roca caliente sube, se enfría arriba y baja, arrastrando las placas de 2 a 10 cm por año, a velocidad de uñas. Se mide con v = d / t, donde v es velocidad, d distancia y t tiempo. En los bordes divergentes las placas se separan y sale magma que crea suelo nuevo, como la Dorsal del Atlántico e Islandia. En los convergentes chocan y una se hunde bajo la otra en subducción, creando fosas, volcanes y cordilleras, como Nazca bajo los Andes. En los transformantes se rozan de lado sin crear ni destruir, pero tiemblan, como la Falla de San Andrés. De ahí surgen sismos por ruptura de fallas, volcanes por salida de magma y orogénesis por plegamiento que forma montañas.