Organización de la sociedad andina
La sociedad andina era ordenada y solidaria. Nadie vivía por su cuenta: todos pertenecían a un ayllu que trabajaba unido y obedecía a sus jefes. El ayllu era un grupo de familias que se consideraban parientes por descender de un mismo antepasado. Compartían tierras comunales para sembrar por turnos, agua, fiestas y una huaca sagrada con la momia del fundador. Cada ayllu era dirigido por un curaca y estaba dividido en dos mitades complementarias: hanan, la parte de arriba, y hurin, la parte de abajo.
Todo funcionaba sin dinero gracias a dos reglas: la reciprocidad y la redistribución. La reciprocidad era hoy te ayudo y mañana tú me ayudas. La redistribución era que las familias entregaban trabajo o productos al curaca y al Inca, todo se guardaba en colcas o almacenes del Estado, y luego el Inca lo repartía en fiestas, guerras o sequías. Era como una olla común donde todos ponen y todos reciben cuando les toca.
El trabajo era obligatorio, en equipo y por turnos. El ayni era ayuda entre iguales que se devuelve, como techar la casa del vecino. La minka era trabajo de todo el ayllu para la comunidad, como arreglar el canal o el puente. La mita era el turno obligatorio y temporal para el Estado inca, como hacer caminos, trabajar chacras del Inca o el servicio militar. Si se entiende a quién beneficia cada forma, se entiende la economía andina.
El poder formaba una pirámide: arriba pocos con mucho poder y abajo muchos que producían. En la cúspide estaban el Sapa Inca, la Coya y el Auqui heredero. Luego la nobleza de panacas, orejones y sacerdotes. Después los curacas locales. En la base los hatun runas, la gente común. Además había especiales como mitimaes, colonos llevados a otra zona, y yanas, servidores personales. A inicios del Virreinato hubo ruptura arriba y continuidad abajo: el ayllu siguió vivo, pero bajo encomienda y reducción, con el curaca como intermediario del corregidor y el hatun runa sometido a tributo y a la dura mita minera de Potosí.