Organización del espacio urbano
La organización del espacio urbano es el reparto ordenado de la ciudad según su función y sus conexiones. El espacio urbano es la ciudad construida: viviendas, calles, comercios, industrias, oficinas y espacios libres. Organizarlo significa decidir dónde va cada actividad y cómo se une con las demás, como las habitaciones de una casa.
Para entenderlo usamos dos ideas clave: el uso del suelo, que es para qué se utiliza cada pedazo de ciudad —vivir, vender, fabricar, administrar o divertirse—, y la zonificación, que es dibujar en el mapa qué se permite hacer en cada sector. Cada zona tiene así un lugar y una función.
Casi todas las ciudades tienen las mismas piezas. El centro histórico es el barrio más antiguo, de calles estrechas, iglesias y turismo. El CBD es el corazón económico, con oficinas altas, bancos y tiendas caras. El ensanche es la ampliación planificada de calles rectas. Los barrios residenciales son para vivir, la periferia es el borde nuevo y barato con polígonos industriales, grandes centros comerciales y barrios dormitorio, y las áreas verdes sirven para descansar. La clave es que el precio del suelo baja del centro a la periferia.
La forma vista desde arriba se explica con el plano urbano. El plano irregular es torcido y laberíntico, típico del centro histórico. El plano ortogonal o en damero es una cuadrícula recta, típico del ensanche. El plano radioconcéntrico combina radios hacia el centro con rondas circulares. Cada ciudad combina historia, relieve y ríos, y transporte y precio para organizarse de forma única. Para medir la aglomeración usamos la densidad urbana D = P / S. En Villanueva, el centro con 60000 personas en 2 km2 da 30000 hab/km2 y el uso comercial y de oficinas, mientras la periferia con 40000 personas en 8 km2 da 5000 hab/km2 y el uso residencial extensivo e industrial.