Validez lógica: razonar con forma segura
Un razonamiento es lógicamente válido cuando es imposible que sus premisas sean verdaderas y su conclusión sea falsa al mismo tiempo. No importa si en la vida real son verdad o mentira. Solo importa esto: si las premisas fueran verdad, la conclusión tendría que ser verdad.
Para entenderla necesitas cinco palabras: proposición, que es una frase que puede ser verdadera o falsa; premisa, que es tu punto de partida; conclusión, que es tu resultado; argumento, que es el grupo de premisas más conclusión; y validez lógica, que es la cualidad de un argumento bien construido donde la verdad pasa segura de las premisas a la conclusión. Piensa en una licuadora: la fruta que metes son las premisas, el jugo que sale es la conclusión y que la máquina funcione bien es la validez. La validez no revisa la fruta, revisa la máquina.
Lo más importante es que validez no es lo mismo que verdad. La verdad pregunta si lo dicho pasa en la realidad, la validez pregunta si la forma obliga a la conclusión. Por eso puedes tener un argumento válido con cosas falsas, como Todos los gatos vuelan, Félix es gato, luego Félix vuela, y un argumento inválido con frases verdaderas si la conclusión no se desprende. La regla de oro es mirar la forma, no el tema, que se escribe como (P1 ∧ P2) → C.
Para comprobarla usa el truco del caso imposible: supón todas las premisas verdaderas, intenta imaginar un caso donde aun así la conclusión sea falsa, y decide. Si ese caso es imposible, es válido; si encuentras un solo contraejemplo, es inválido. El ejemplo clásico válido es Modus Ponens: Si llueve, la pista se moja, llueve, luego la pista se moja, que se escribe (P → Q) ∧ P ⊨ Q. El contraste inválido es afirmar Q: la pista está mojada, luego llueve, que falla porque alguien pudo regar la pista.