Mapa Mental de la Afectividad Humana
La afectividad humana es tu capacidad para ser afectado por lo que pasa. Es el conjunto de vivencias de agrado o desagrado, como la alegría, el miedo, el cariño o la tristeza. Si tu vida fuera una película, tus ideas son el guion y tu afectividad es la música de fondo: no cambia la historia, pero cambia cómo la vives.
Toda experiencia afectiva tiene tres ingredientes que siempre van juntos: lo subjetivo que sientes por dentro, lo corporal o fisiológico que hace tu cuerpo sin control, como el corazón acelerado o el nudo en el estómago, y lo expresivo o conductual que se ve desde fuera, como sonreír o llorar. Además, todo afecto se puede medir por tres características: polaridad, si es agradable o desagradable; intensidad, si es suave o muy fuerte; y duración, si dura segundos o años.
No todo lo que sientes es igual. La emoción es una reacción rápida, breve y muy intensa ante algo concreto, como el miedo al escuchar un frenazo. El sentimiento es una emoción que ya pasó por tu cabeza y se volvió estable y profunda, como el amor por tu mejor amiga. El estado de ánimo es el tono general de cómo te sientes por horas o días, sin causa clara, como estar apagado toda la mañana. La pasión es un sentimiento muy intenso y duradero que dirige tu vida, como la pasión por el fútbol o los celos intensos.
La afectividad cumple tres funciones vitales: adaptativa, porque te prepara para actuar, como huir ante el peligro; comunicativa, porque avisa a los demás cómo estás sin hablar; y motivadora, porque te da energía para seguir esforzándote. Así, la misma experiencia puede dejar primero una emoción intensa, luego un sentimiento duradero y, al lado, un estado de ánimo independiente.