Mapa Mental de la Inmunidad Celular
La inmunidad celular es el sistema de defensa que destruye tus propias células cuando ya están infectadas o alteradas. No las puede salvar, las elimina por contacto directo para salvar al resto del cuerpo. A diferencia de otras defensas que actúan a distancia, aquí todo ocurre célula a célula.
Todo empieza cuando un virus entra a una célula del pulmón o una bacteria sobrevive dentro de un macrófago. Como el intruso está escondido, ya no sirve atacar desde fuera. La célula enferma debe mostrar lo que lleva dentro usando el MHC, que es como una bandeja o DNI visible. Toda célula sana usa MHC-I para mostrar pedacitos de lo que fabrica, y si está infectada muestra un antígeno viral. Las células presentadoras de antígeno o CPA, como macrófagos y dendríticas, usan además MHC-II para mostrar lo que comieron y dar la alarma.
Los protagonistas son los linfocitos T, glóbulos blancos que reconocen al intruso tocando directamente a otras células. El linfocito T CD8 o citotóxico es el asesino que mata a la célula infectada o tumoral. El linfocito T CD4 colaborador Th1 es el coordinador que no mata, sino que envía citoquinas como el interferón gamma para activar a T CD8 y macrófagos. El T solo se activa si reconoce el antígeno en el MHC y recibe una segunda señal de confirmación llamada coestimulación, lo que evita ataques por error.
Una vez activado, el T CD8 se pega a la célula enferma y la mata de forma limpia por apoptosis, que es muerte ordenada sin explosión. Libera perforina que hace agujeros y granzimas que entran a ordenar el suicidio celular, o usa el botón Fas-FasL para pulsar la autodestrucción. En la gripe, por ejemplo, la célula nasal presenta virus en MHC-I, el T CD8 la reconoce, se multiplica con ayuda Th1 y la elimina, dejando al virus sin fábrica. Algunos T quedan como células memoria por meses o años para responder mucho más rápido si el virus vuelve.