Caudillismo en el Perú
El caudillismo fue el tiempo en que mandaron los jefes militares y no las leyes. Después de la independencia de 1821 no había un gobierno fuerte que mandara en todo el país. Quien tenía más soldados, prestigio y apoyo regional tomaba la presidencia por la fuerza. Por eso el poder se resume en una fórmula simple: prestigio + armas + apoyo regional.
Piensa en un colegio sin director ni reglas claras, donde cada tutor tiene su grupo de alumnos fuertes y el que junta más apoyo toma la dirección por la fuerza, hasta que otro lo saca de la misma forma. Eso fue el Perú: cada general controlaba una zona, como Gamarra el sur andino, Orbegoso el norte y Santa Cruz Bolivia, y para ser presidente había que tomar Lima con su montonera, no ganar con votos.
El gobierno caudillista era corto e inestable. Llegaba por golpe, sin partidos ni ideas estables, solo lealtades personales. Se sostenía con montoneras leales al jefe, con clientelismo que repartía cargos y dinero por apoyo, y con constituciones hechas a medida para legalizar al caudillo de turno. Como no había impuestos estables, vivía de préstamos y de quitar bienes a los rivales, y gobernaba por personalismo, según el capricho del jefe.
Los caudillos que debes dominar muestran la lucha norte contra sur: Agustín Gamarra, que buscó unir Perú y Bolivia bajo el Cusco y murió en Ingavi en 1841; Luis José de Orbegoso, presidente legal en 1834 atacado por Gamarra; el joven Felipe Santiago Salaverry, que dio un golpe a los 28 años en 1835 y fue fusilado; y Andrés de Santa Cruz, que creó la Confederación Perú-Boliviana en 1836 y fue derrotado en Yungay en 1839. La primera etapa terminó con Ramón Castilla, que ganó en 1845, usó el dinero del guano para poner orden, pagar la deuda y abolir la esclavitud y el tributo indígena.