Economía del Tahuantinsuyo
El Tahuantinsuyo alimentó a millones de personas sin dinero, sin tiendas ni sueldos. Funcionaba como una olla común gigante: si trabajabas para todos, todos te aseguraban comida. La base era el ayllu, una familia grande de muchas familias con un antepasado en común, formada por hatun runas o campesinos comunes que pagaban con trabajo y recibían reparto del Estado.
Toda la tierra era del Inca en teoría y se dividía en tres: tierras del Sol para mantener a sacerdotes y fiestas, tierras del Inca para llenar depósitos y alimentar a soldados y trabajadores en emergencias, y tierras del ayllu para alimentar directo a las familias. Las trabajaban los hatun runas por turnos, primero las del Sol, luego las del Inca y al final las del ayllu, con cantos y fiestas.
Todo se movía por dos motores: la reciprocidad, que es ayuda mutua obligatoria entre vecinos, y la redistribución, donde el Estado recoge y reparte comida, ropa y herramientas. El tributo era trabajo en tres formas: el ayni entre familias, la minka de todo el ayllu para obras comunes, y la mita como turno para el Estado en caminos y tierras del Inca. Apoyaban los mitimaes, colonos trasladados, y los yanaconas, servidores permanentes.
Para tener de todo usaban el control vertical de pisos ecológicos: el mismo ayllu tenía chacras arriba para papa y quinua, en el medio para maíz, abajo para algodón, ají y frutas, y en la puna llamas y alpacas, con andenes y canales. Guardaban las cosechas en colcas, depósitos gigantes, y lo contaban todo con quipus, cuerdas con nudos de colores, mientras el trueque era escaso.