Europa en 1900: fiesta por fuera, pelea por dentro
A inicios del siglo XX, Europa era la zona más rica e industrial del mundo. Todo parecía moderno y feliz, con ciudades iluminadas, fábricas, bancos y avances científicos. Es como un grupo de amigos en el recreo que presumen zapatillas nuevas y se ríen juntos: por fuera parecen unidos, por dentro se pelean por el mejor sitio, por quién manda y por quién tiene más cromos.
Ese periodo de 1871 a 1914 se llamó Belle Époque, que significa Época Bella. Fue una etapa de luz eléctrica, cine, automóvil, teléfono, cafés y teatros. Pero esa riqueza era solo para una minoría y muchos obreros vivían mal. Los gobiernos usaban ese orgullo para decir: somos los mejores. Esa paz tensa duró 43 años, porque 1914 - 1871 = 43, antes de romperse.
Europa no era un solo país, sino varias grandes potencias que querían mandar más que las demás. El Reino Unido quería mantener su marina número 1 y su imperio colonial. Francia, en república, quería recuperar Alsacia y Lorena, perdidas frente a Alemania en 1871. Alemania, imperio autoritario, quería más colonias y una flota como la británica. Austria-Hungría temía que los nacionalismos la rompieran por dentro. Rusia quería controlar los Balcanes y salir al Mediterráneo. Italia, monarquía joven, buscaba prestigio en África y los Balcanes. Como ninguno podía ganar solo, buscaron amigos.
Cuatro tensiones cargaron la olla: el nacionalismo, o mi bandera es mejor que la tuya; el imperialismo, o acaparar tierras lejanas en África y Asia para ser más fuerte; el militarismo y la Paz Armada, o paz con pistolas sobre la mesa con más soldados y acorazados gigantes; y el sistema de alianzas, o pandillas que se protegen. Así nacieron dos bloques enemigos: la Triple Alianza de Alemania, Austria-Hungría e Italia, y la Triple Entente de Francia, Rusia y Reino Unido. El caso de Francia y Alemania lo resume todo: herida por Alsacia y Lorena + miedo por el acero y ejército alemán + choque en Marruecos en 1905 y 1911 + alianzas opuestas. No fue una sola causa, fue la suma la que podía encender todo el continente.