Invasiones bárbaras
Las invasiones bárbaras fueron las entradas de pueblos germanos y hunos en el Imperio romano de Occidente entre los siglos IV y VI. Roma estaba débil por dentro y no pudo controlarlos, por lo que el Imperio se rompió en pedazos y nacieron nuevos reinos.
Todo ocurrió por dos causas combinadas: la crisis interna de Roma y el empuje de los hunos desde el este hacia el año 375. Para defenderse, Roma dejó entrar a los visigodos en 376 como foederati por el río Danubio, pero después llegaron más pueblos, como vándalos, suevos y alanos que cruzaron el Rin congelado en 406.
Los momentos decisivos fueron la derrota romana en Adrianópolis en 378, el saqueo de Roma en 410 por Alarico y el saqueo de 455 por los vándalos de Genserico. El final político llegó en 476, cuando Odoacro depuso al último emperador, Rómulo Augústulo, y ya no puso a otro.
Después cada pueblo formó su reino romano-germánico: visigodos en Hispania, vándalos en el norte de África, francos en Galia, ostrogodos en Italia y anglos y sajones en Britania. Estos reinos mezclaron leyes romanas y costumbres germanas y dieron inicio a una nueva etapa histórica.