Domesticación de plantas y animales
La domesticación fue el momento en que los humanos dejaron de depender solo de la recolección y la caza y empezaron a producir su propia comida. Aprendieron a sembrar plantas y a criar animales para tener alimento seguro. Con esa producción pudieron vivir en un mismo lugar y alimentar a más personas.
Domesticar no es solo usar una planta o un animal, es transformarlo para siempre. Por selección artificial, eligieron en cada generación a los individuos más dóciles, productivos o de grano más grande para que fueran padres de los siguientes. Con el tiempo, nacieron formas que ya no podían vivir bien sin ayuda humana.
En las plantas aparecieron granos y frutos más grandes, espigas con raquis duro que no se rompe solo y germinación al mismo tiempo para cosechar todo junto. En los animales aparecieron el carácter dócil, el cuerpo a veces más pequeño, mayor cantidad de carne, leche o lana y una reproducción más frecuente controlada por humanos.
Este cambio no ocurrió en un solo lugar, sino de forma independiente en varios focos hace unos 10000 años. En el Creciente Fértil se domesticaron el trigo, la cebada, la oveja, la cabra y la vaca; en China el arroz; en Mesoamérica el maíz a partir del teosinte; en los Andes la papa; y en Eurasia el perro a partir del lobo. Con hoces, graneros y rebaños, la agricultura y la ganadería dieron origen a la vida en aldeas estables.