Discurso en el Politeama de González Prada
El Perú había perdido la Guerra del Pacífico (1879-1883) frente a Chile y el país buscaba excusas externas para la derrota. En ese contexto, Manuel González Prada leyó su discurso el 29 de julio de 1888 en el Teatro Politeama de Lima, durante una velada organizada por el Ateneo de Lima para reunir fondos y recuperar Tacna y Arica. Lo que debía ser un acto patriótico se convirtió en una acusación total contra el sistema peruano.
La tesis de Prada es directa: no fuimos vencidos solo por las armas chilenas, sino por causas internas. El país estaba dividido, mal dirigido por gobernantes corruptos, militares ambiciosos y caudillos egoístas. Resume esta idea en su frase más famosa: ¡Los viejos a la tumba, los jóvenes a la obra! Los viejos no son los ancianos, sino la clase política fracasada; los jóvenes son la nueva generación llamada a reconstruir.
Su segundo diagnóstico es que el Perú no era una nación, sino un organismo enfermo donde se aplica el dedo y brota la pus. Denuncia el centralismo que concentra todo en Lima, la exclusión del indio que era la mayoría explotada y sin escuela, la alianza de la Iglesia con el poder y la copia ciega de Europa, sobre todo de Francia, despreciando lo peruano.
Frente a eso propone crear un Perú nuevo: romper con la herencia colonial de obedecer sin pensar, educar con ciencia útil y no con discursos bonitos, incluir al indio con escuela, salud y dignidad, y cambiar palabras por hechos con trabajo, disciplina y moral. Lo dice con un estilo nuevo: frases cortas como latigazos, antítesis como tumba contra obra y metáforas como el cuerpo enfermo. Con ello rompe con el Romanticismo sentimental y funda el ensayo moderno y abre el camino al indigenismo.