Revolución Mexicana: Voto y Tierra
La Revolución mexicana fue una rebelión gigante contra la dictadura y la miseria que transformó al país entre 1910 y 1920. Millones de mexicanos lucharon por dos derechos básicos: poder votar de verdad y tener tierra para vivir. De esa lucha nació el México moderno.
Antes de la revolución, México vivía bajo el Porfiriato, el gobierno de Porfirio Díaz de 1876 a 1911. Díaz ganaba siempre con fraude y se reelegía una y otra vez, por lo que no había sufragio efectivo. Mientras había trenes y luz eléctrica para los de arriba, pocas familias dueñas de haciendas concentraban casi toda la tierra y más del 80% de los campesinos trabajaban como peones endeudados. Toda protesta era castigada por los rurales.
El estallido llegó con Francisco I. Madero, quien pidió elecciones libres con el lema Sufragio efectivo, no reelección. Tras ser encarcelado, lanzó el Plan de San Luis que llamó a levantarse en armas el 20 de noviembre de 1910. Díaz renunció en 1911 y Madero fue elegido presidente, pero no repartió tierras rápido. Por eso Emiliano Zapata en el sur y Pancho Villa en el norte se levantaron exigiendo tierra y justicia social. Madero fue asesinado en 1913, Zapata y Villa tomaron la Ciudad de México en 1914 sin poder gobernar juntos, y Venustiano Carranza con Álvaro Obregón los vencieron en Celaya en 1915. La guerra entre caudillos duró hasta 1920.
El gran logro fue la Constitución de 1917 hecha en Querétaro, la más avanzada del mundo en su época. El Artículo 27 declaró la tierra y el subsuelo propiedad de la nación y permitió crear ejidos, el Artículo 123 dio jornada de 8 horas, salario mínimo y huelga a los obreros, y el Artículo 3 estableció educación pública, gratuita y laica. Aunque costó alrededor de un millón de vidas, la Revolución dividida entre revolución política por el voto y revolución social por la tierra dejó derechos duraderos de tierra, trabajo y educación.