Conversión de materia en energía
La materia se puede convertir en energía en reacciones nucleares. Un pedacito diminuto de materia esconde una cantidad gigantesca de energía. Por eso brilla el Sol y por eso funcionan las centrales nucleares.
En química normal la masa se conserva: si quemas papel, la ceniza y el humo pesan lo mismo que el papel inicial. En cambios nucleares no ocurre así. Una parte pequeña de la masa, llamada defecto de masa, desaparece. Esa masa perdida no se pierde, se convierte en energía según la regla de oro descubierta por Einstein: E = m c², donde m es la masa que desaparece en kilogramos y c es la velocidad de la luz, 300000000 metros por segundo. Como c es gigantesca y está al cuadrado, multiplicar por c² es multiplicar por 90000000000000000, por eso cualquier migaja da algo enorme.
Hay dos formas principales de lograrlo. En la fisión, un núcleo pesado se rompe en dos más ligeros, como ocurre en centrales nucleares con uranio. En la fusión, dos núcleos ligeros se unen en uno más pesado, como ocurre en el Sol y las estrellas con hidrógeno. En los dos casos el peso final es un poquito menor que el peso inicial y esa diferencia se vuelve energía.
Por ejemplo, si 0,001 kilogramos de materia se convierten totalmente en energía, E = 0,001 por 300000000 al cuadrado = 90000000000000 julios. Eso es muchísimo: con solo un gramo se obtiene la energía que consumen miles de casas durante días para calentar, mover e iluminar.