Conductismo: Aprender es Cambiar lo que Haces
El conductismo explica el aprendizaje como un cambio observable de lo que haces por experiencia. No estudia lo que piensas por dentro porque no se puede medir directamente, solo la conducta que se ve desde fuera. La regla es simple: si haces algo y te va bien, lo repites; si te va mal, lo evitas.
Todo aprendizaje se resume en la fórmula . El estímulo (E) es la señal que ocurre antes de actuar, como el timbre del recreo o la palabra siéntate. La respuesta (R) es lo que haces después, como salir al patio o sentarte. Si la conexión entre E y R se hace más fuerte, hubo aprendizaje. Es como adiestrar a un cachorro con galletas: tus notas, premios y regaños son las galletas que moldean tu conducta.
Hay dos caminos para aprender. El condicionamiento clásico, descubierto por Iván Pávlov, aprende por asociación: dos estímulos que ocurren juntos muchas veces se unen. Una campana neutra que suena siempre antes de la comida termina provocando saliva por sí sola, de forma automática y sin decidirlo. El condicionamiento operante, estudiado por B. F. Skinner, aprende por consecuencias y es voluntario: tú actúas y el ambiente te premia o te frena.
En el camino operante, el refuerzo fortalece la conducta para que la repitas y el castigo la debilita para que la dejes. Positivo significa agregar y negativo significa quitar. El refuerzo positivo agrega algo bueno, el refuerzo negativo quita algo molesto, el castigo positivo agrega algo molesto y el castigo negativo quita algo bueno. Si quitas la asociación o dejas de dar el premio, la conducta desaparece poco a poco por extinción, como el miedo a los perros que se borra tras ver perros tranquilos sin susto durante meses.