Conversión de unidades en situaciones de contexto
Convertir unidades es decir la misma cantidad con otro nombre. No cambias lo que hay, solo cambias cómo lo mides. En un problema con historia, primero entiendes qué te dan y qué te piden, y luego haces el cambio sin alterar el valor real.
La regla de oro es sencilla: si pasas a una unidad más pequeña, el número crece, y si pasas a una unidad más grande, el número se achica. Es como cambiar dinero: 1 sol es lo mismo que 100 céntimos, y 2.5 m es lo mismo que 250 cm. Necesitas más piezas pequeñas para valer lo mismo.
El método que siempre funciona tiene 3 pasos. Primero identifica qué tienes y qué quieres. Segundo escribe la equivalencia entre las dos unidades, por ejemplo 1 kg = 1000 g. Tercero multiplica por 1 usando el factor de conversión que cancela la unidad vieja y deja la nueva. Como el factor vale 1, no cambia la cantidad, solo cambia la unidad. Las unidades se tachan como si fueran números: si la unidad vieja está arriba, ponla abajo en el factor.
Las equivalencias que más aparecen son de longitud, masa, volumen y tiempo: 1 km = 1000 m, 1 m = 100 cm, 1 cm = 10 mm, 1 t = 1000 kg, 1 kg = 1000 g, 1 m3 = 1000 L, 1 L = 1000 mL, 1 h = 3600 s y 1 min = 60 s. En historias con doble unidad, como pasar de km/h a m/s, convierte cada parte por separado y recién después opera. Por ejemplo, una moto que recorre 180 km en 2 h lleva 180000 m en 7200 s, o sea 25 m/s. El error típico es dividir 180 entre 2 y escribir 90 m/s, porque ese 90 sigue en km/h.